Todos cumplimos roles y con ellos nos identificamos,
Con algunos más que con otros, con algunos nos sentimos muy a gusto, en cambio, otros los padecemos.
Una misma persona (por ej.) con respecto a su madre cumple el rol de hijo, con respecto a su hijo cumple el rol de padre, con respecto a su jefe cumple el rol de empleado., etc.
La vida nos pone a interpretar diferentes papeles en esta gran obra teatral. Alguien dijo alguna vez que Dios es un dramaturgo, y es cierto, toda nuestra vida nos la pasamos interpretando los diferentes roles que nos tocan.
Ahora el punto es… ¿Quiénes somos en realidad?
Un actor luego de trabajar deja sus ropajes y se convierte en el mismo.
¿Dejamos nuestros ropajes en algún momento?
¿Dejamos de interpretar un rol en algún momento?
Y si lo hacemos en que nos convertimos?
Estoy seguro que para muchos ególatras eso significaría la muerte.
Para aquellos cuyas personalidades son muy acentuadas,
Dejar de ser sería el peor de os vacíos, lo que significa que sus vidas,
No son más que una ficción.
Existe sin embargo, una raza de seres despiertos
Seres que se autodefinen como un alma en un viaje evolutivo.
Seres que viven concientes de que son energía cósmica eterna
Encapsulada en trajes efímeros y perecederos, con la finalidad
De evolucionar a través de las diferentes vivencias que la vida nos propone.
Se trata de tornarnos más concientes de lo que somos en verdad.
Este lugar llamado planeta tierra, no es más que una escuela
Donde aprendemos lecciones para ser más verdaderos, mas luminosos.
Más amorosos
Se trata de expandir nuestra conciencia,
Se trata de amplificarnos,
De manera tal que nuestro estado de identificación con los roles
Sea trascendido.